enero 09, 2015

Llorar para tranquilizar el alma

La primera vez que escuché que los hombres no lloran sentí un gran alivio porque al ser niña estaba exenta de esa estúpida aseveración. Yo lloro por todo o por casi todo y eso ha sido desde que nací, supongo. 

Ya un poco más crecidita recuerdo cuando mi mamá me llevaba al dichoso “Jardín de Niños” y yo no hacía más que llorar. Creo que por eso me echaron. En aquel momento justificaba mis lágrimas y aplicaba la de: “Yo no quería llorar y de repente empezó a salir agüita de mis ojitos”. Ajá, cómo no! Lloraba porque odiaba ir al kínder y pretendía usar las de cocodrilo para chantajear a mi madre cosa que no ocurrió.Ya después lloraba cuando me raspaba las rodillas, cuando sacaba ochos en la primaria, cuando las cosas no salían como quería. 

Recuerdo cuando aquel mejor amigo se fue a vivir “muy lejos” y lloré, junto con otra amiga, como María Magdalena. Confieso que hasta me dio por echar humo por la boca. Ya después entendí que ni era para tanto. También lloraba cuando mamá enfermaba a causa de esa malditísima enfermedad dulce que no debería existir y que ahí está.Pero ojo, también soy de las que llora cuando está feliz, es extraño pero también pasa.

 Lloré cuando a mi fiesta de graduación no asistieron mis papis, no porque no los invitara, si no porque otra vez, la maldita enfermedad dulce hizo de las suyas y me jodió. Eso sí, lo hice antes, mucho antes de la fiesta porque ante todo nunca, nunca, hay que perder el GLAMOUR o por lo menos hay que intentar no perderlo. Esa experiencia me hizo pensar que papá y mamá no son eternos y que llegará el día en que no puedan compartir conmigo todos mis éxitos o fracasos.

Y bueno si me echo un clavadito más atrás, lloré y lloré y lloré cuando entré a la uni y supe que mis mejores amigas de la prepa ya no tomarían clases conmigo. Incluso una de ellas iba TODOS los viernes por mí a la facultad para hacerme sentir un poquito feliz. ¡Lo logró! 

Lloré cuando los Pumas fueron campeones! Y también cuando México fue eliminado por Argentina en Sudáfrica 2010, OBVIO lloré y menté madres cuando Robben nos robó porque neta eso NO ERA PENAL!

Lloré cuando un tipo loco me hizo enojar, ah porque por si no lo sabían soy de las que acostumbran llorar cuando están súper enojadas. Aquella vez lloré enfrente de quien quizá no debía pero me valió y lo hice aclarando que no fue con el tipo que me hizo enojar. 

Obvio también he llorado por los amores perdidos, unos más que otros. 

Puedo seguir escribiendo y escribiendo cuándo más he llorado, pero no gracias. Aún me faltan muchas lágrimas por echar, mejor guardo espacio para las que siguen. Por ejemplo hoy me levanté así, con muchas ganas de llorar y si me preguntan por qué, no tengo la respuesta así que le echaré la culpa a los 0° C que dicen que tuvimos. 

Lo mejor del mundísimo mundial es que llegué al trabajo y al menos tres compañeritos, sin saberlo, me hicieron una Ana feliz porque me dieron comida! Y no es el hecho de que me den comida o que sea una glotona que no deja de comer, bueno sí pero poquito.Lo que quiero destacar es que son esos pequeños detalles que pueden convertir un día medio triste en uno no tan feliz pero que al menos me harán recordar que cuando quise llorar sus detalles me inyectaron un rayito de felicidad! 

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